Dejate lle-Bar

Dejarse de llevar x una decisión, x un bus, Ilha Grande, Rio de Janeiro y un velero.


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Pico do Papagaio…mejor en grupo

Dificultad: Alta
Cantidad de horas: 6 hrs, 3 de ida y 3 de vuelta.
Que llevar: Agua, frutas, galletitas (un pequeño y liviano picnic) calzado cómodo y apropiado para trekking en lo posible. Ropa liviana porque hace calor. Papel higiénico, nunca se sabe donde aparece la urgencia. Protector solar.
Horario: temprano tipo 8 AM es lo mejor.
Que nos espera allá arriba: una hermosa vista panorámica de toda la isla.
Mejor ir acompañado, salvo si estás pasando un momento muy introspectivo y querés subir solo para ir meditando.

Todo listo, vamos!

Vamos al Pico de Papagaio....sin dudarlo.

Vamos al Pico de Papagaio….sin dudarlo.

Pico. Foto en prestamo de Portal Ilhagrande.org

Pico. Foto en prestamo de Portal Ilhagrande.org

 

Vivir en la isla se transformó en un cuestionarme todas los días ¿que recorrido puedo hacer hoy? La decisión ya estaba tomada y nos fuimos.
Para el Pico do papagaio se precisa tener todo el día disponible. Es una caminata dura, donde se sube los 982 m de altura que tiene el Pico, ya que es  el 2do pico más alto de la isla. El regalo que obtenemos de semejante travesía es poder apreciar la hermosa y panorámica vista.

Tenía 2 días libres, había coordinado bajo palabra con un turista polaco que había conocido en la caminata de la Cachoeira da feticeira que iríamos al Pico. Pero lo dejé plantado y se fue solo. Esa misma tarde hablé con mis amigas suizas y su plan para el día siguiente era ir al Pico, así nos levantamos temprano, compramos agua, frutas, galletitas y nos fuimos. Tres mujeres decididas a hacer tremenda trilha.

Todas embadurnadas de protector solar, bajo el sol intenso de la mañana, arrancamos por el mismo camino que se va para Dois Rios, hasta que aparece un cartel que nos invita a entrar al mato, para comenzar a subir al Pico de Papagaio. Gente de la isla que ya la había hecho, nos informó que hay carteles mientras uno va avanzando, eso es bueno porque estaríamos 2 a 3 horas dentro del mato o floresta…siguiendo un camino marcado por el hombre, y algo nos tendría que marcar que íbamos bien.
Recuerdo que para llegar al primer cartelito, subimos como 45 minutos, digo subimos porque toda la caminata era en subida, entre árboles y piedras, así que al llegar al primer cartelito…era un logro. Todas sudadas y agotadas, esa era la muestra que tanto las suizas y yo habíamos elegido Ilha Grande para sentir la vibra de estar vivo…y en esto…lo estábamos sintiendo claramente, en nuestros músculos.

Esto recién comienza.

Esto recién comienza.

Así la subida, entre paradas para comer, hacer pis, tomar fotografías a la raices de los arboles, telarañas gigantes, hojas extrañas, y mirar a nuestro alrededor y pedir al Deus brasilero que por favor no nos hayamos perdido…seguimos. No nos encontramos a casi nadie en el camino, salvo al final, un grupo de chicos comenzaron a volver.
Una frase muy clara sobre el camino al Pico de mi amiga Leonor fue: El Pico do Papagaio es la muerte y la vida a la vez.
Creo que era la mejor forma de definirla, era muy agotadora la caminata y parecía que no se llegaba nunca, pero luego de más de 2 horas andando, comenzamos a ver la roca, que formaba el pico y esa era la pauta. La roca gris…la salvación.
Finalmente, encontramos el sendero y una soga que nos guiaba a la cima Pico, y donde sería nuestro punto de descanso y felicidad.
Llegamos y la felicidad era plena. Me dieron ganas de decir la famosa frase de Hector Alterio: La puta que vale la pena estar vivo.

Las imágenes lo dicen todo.
Llegamos, descansamos, tomamos fotos, hicimos un picnic, charlamos lo justo y necesario. Hicimos una siestita de una hora bajo los árboles, todo en silencio, con ese silencio y la música del viento en nuestras mejillas. La amistad, el cielo, el viento y el sol fueron mis 4 elementos que me conectaron con mi ser interior y con la alegría de vivir. Puede parecer cursi, pero eso me pasa a menudo cuando un lugar nuevo me sorprende, emociones y pensamientos nuevos abruman minha cabeza. Después de descansar un rato…hicimos un abrazo amistoso de tres! Donde agradecimos la posibilidad de estar ahí, y que la vida nos haya juntado para hacer esta travesía juntas, donde la buena compañía y la complicidad son una moneda muy valorada y difícil de conseguir.

 

 


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Fiesta sí… fiado no.

Show en el centro de Vila do Abraao

Show en el centro de Vila do Abraao

Así fue, Navidad y año nuevo en Ilha Grande, se festeja en la calle. Está bien comer algo un rato con la familia, pero no extenderse mucho, porque lo mejor, está afuera. Música en la calle, ya sea músicos improvisados o músicos organizados especialmente para el evento. El encuentro con los vecinos, amigos o turistas, eso es lo importante. Obviamente compartir una cerveza bien fría, una o varias caipis. El ruido, el bullicio, todo el mundo hablando, bailando, brindando, tampoco percibí que importaba la forma de vestirse. Si alguno quiere vestirse para la ocasión, bien, pero si no, también. Como en mi caso, el 24 de Diciembre fui a la playa, luego directo a trabajar, cenamos todos juntos en la posada y luego a la casa de Silmara, a seguir comiendo. Así que mi atuendo navideño, era un short, chinelas, bikini, y un pañuelo en la cabeza. Quise ir al hostel a ducharme…pero era perder tiempo, ya fue.

El centro de Vila do Abraao es frente a la iglesia donde hay varios bares enfrentados, y uno sobre todo vende la latita de cerveza más barata, así que ese es el punto donde la mayor cantidad de gente se concentra, la sed es mucha, la fila es larga pero sobra la alegría, así que no importa esperar, charlo con la gente y les cuento que soy argentina, vine a trabajar durante el verano y que quiero conocer el idioma un poco de la cultura brasilera. La frase que más escuché en esa fila fue… “Seja bem-vinda”.

No se fía en este bar.

No se fía en este bar.

Hay una fila que también es larga, la de baño de mujeres como siempre. Pero en este caso, es mucho más larga que en cualquier lugar. Hace mucho mucho calor, se toma mucho mucho liquido, y los baños de los bares no dan abasto, entre la fila para comprar algo para tomar y la del baño, ya se arma un caos tremendo, de gente, charlas con desconocidos y amigos del momento. Me siento feliz por estar en esta fiesta, al aire libre, en la calle, sin pagar ninguna entrada vip (que de por cierto no es mi estilo pagar una entrada para llegar a una gran fiesta).

¿Para que una entrada exclusiva o vip? Si las mejores cosas, pasan en lo cotidiano, en un encuentro casual, sin prever y sin controlar nada. Eso ya lo vengo aprendiendo en la vida…pero sobre todo…en este viaje.

Barbi.


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Regalo de Navidad!! La casita

Casita.

Casita.

Isla Grande es una reserva biológica donde lo principal es la conservación y cuidado del medio ambiente (voy a ampliar sobre este aspecto luego). Los locales y el municipio tienen clara conciencia de ello, con lo cual se busca constantemente que la invasión de turistas no traiga contaminación. A su vez, también, por lo que investigué y pregunté mientras buscaba vivienda, es que por ser una reserva ambiental, hay límites para la construcción, al margen de que sea muy costoso construir en la isla, también hay regulaciones, y claro, esto hace que no sea fácil…o diría casi imposible conseguir un lugarcito donde vivir por varios meses. También, la persona que puede alquilar su casa, claramente la alquila al turista.

Igual, pese a todo, parece que Papá Noel, o Santa, o el gordito ese que se hace el simpático y que debería llegar regalos de verdad, me tiró una soga, a un día de decidir irme de Isla Grande.

Pasaron 10 días y yo no conseguía casa. Y no pensaba quedarme hasta año nuevo en la isla, pagando todo a precio turista. Hablé en la posada y dije que si para el 23 no conseguía nada, me iba a pasar las fiestas con una amiga en Sao Paulo y luego, reorientaría mi viaje. Ahí cayó el regalito. Entró una nueva compañera a trabajar, ella era brasilera, creo que de Porto Alegre y ya había alquilado por medio de un contrato una casita, y me ofreció quedarme un tiempo hasta que consiga lugar. La casita era pequeña y de madera. Tenia espacio, eso era lo imporante. Me aclaró que sería temporal, que tenía que hablar con la dueña pero que por un tiempo no había problema, y que en año nuevo venían unas amigas, si no tenía problema en compartir, le dije que sin problema. Así el 25 de Diciembre me mudé.

En la posada hicimos una cena, entre los huéspedes y los funcionarios y luego después de las 11 PM nos fuimos a festejar al pueblo. A partir de ahí, mi amiga de cabecera y compañera de trabajo fue Silmara, la cocinera. Ella me invitó a pasar un rato a su casa y a compartir su mesa con ella y sus hijos adolescentes. Fue la navidad más atípica  y acogedora de mi vida. Con Sil, con Bárbara y Miguel, de 17 y 15 años, más tarde llegó su otra hija Bruna, que ya vivía con su novio, en otra casita. Ahí, todos juntos entre risas y comentarios, aprendiendo frases locales y escuchando en una vieja radio, una emisora de Angra Dos Reis, una canción que quedó en mi memoria como muchas otras, esta se llamaba Chora vagabundo, interpretada por el  grupo Revelaçao e Pique Novo. Así que cuando llegaba el estribillo, con caipirinha en mano, allí estábamos Sil, Bárbara, Bruna y yo…al ritmo de palmas entonando “chora vagabundo”.

Aquí va el tema, me encanta.

Así que ya el 25, tenía casita compartida. Mi compañera de trabajo y sus amigas de la universidad, pasamos varios días de charlas y compartir historias de universidad, viajes, años nuevos y amores pasados, cerveza y compañía agradable, esperando en breve el año nuevo brasilero, todos lejos de casa pero felices de estar ahí, entre bolsas de dormir, carpas sin desarmar, colchones, banquitos de madera, una cocinita con lo básico, pero que no falte la buena vibra. Ellas, 3 oceanógrafas, una experimentando la vida de la isla, otra a punto de ingresar a la marina brasilera, y la otra trabajando en Manaus, Amazonas, en el área de conservación de una parque nacional. También vinieron, la mamá de una de ellas y un amigo.

Navidad, días de lluvia y la charla en portugués, fueron mis atractivos turísticos de esa agradable semana.

Charlando en la casita, en un día de lluvia.

Charlando en la casita, en un día de lluvia.


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Sin casa… camino al cementerio

Iglesia de San Sebastian, Vila do Abraao, Ilha Grande

Iglesia de San Sebastian, Vila do Abraao, Ilha Grande

Sí…mi diagrama mental decía: llego a la isla me quedo 5 días en un hostel mientras busco un lugar donde vivir, alguna casa compartida, algún cuarto, que no me salga tan caro y listo, el que busca encuentra.

            Ok, así fue, ya estaba por el quinto día y no conseguía un lugar decente para vivir. Con trabajo y emocionadísima con el paraíso terrenal donde me estaba viviendo, yo no encontraba un rinconcito para estacionar mi humilde humanidad. El problema es que me fui enojando un poco día tras día. No podía ser que no encuentre casa.

             Y lo que más bronca me daba es que me ofrecían un cuarto que valía casi lo mismo que mi salario, con techo de chapa, horrible y sucio que me imagino que si llovía afuera también llovía adentro, y con una expresión como si  me estuvieran ofreciendo una suite con hidromasaje. Así…pasaban los días y esta situación se repetía una y otra vez. Ni hablar de los viejos babosos que me invitaron a compartir su casa… fica aquí… aquí tem vaga (quedate aquí hay un lugar). Toda esta situación me empezó digamos que a enfurecer de a poquito  y la frutilla de la torta fue que me recomendaran  a Dorinha. Fui a conocerla, la casa de ella quedaba al final de la Rua do Cemiterio, Calle del Cementerio, y sí…digamos que siguiendo ese camino y aceptando la propuesta de Dorinha,  yo misma me estaba…cavando mi propia fosa.

La propuesta de Dorinha (una mujer de 32 años, bajita, tez blanca y rulos castaños) era compartir su pequeño departamento donde tenía una cama cucheta. La verdad es que no tenía muchas opciones, todo estaba a precio turista, y  por el momento yo estaba pagando mi hospedaje a ese precio. Ya era 17 de Diciembre, se venia Navidad y Año Nuevo y en la isla (como en todo Brasil, los precios de los hospedajes se triplicaban) y yo tenía que conseguir algún lugar a precio morador. Ya había averiguado en campings, aunque no me había llevado carpa, y también aumentaban sus precios, y no me dejaban acampar más de 15 días. Digamos que estaba “la horno” y  pero acepté  probar.

La rua de Cemiterio era subida gran subida. Caminar esa calle con el calor de diciembre y sin mochila ya era un esfuerzo y un buen ejercicio para tonificar glúteos, piernas y perder toxinas. Ahí entendí el porque de las piernas fuertes de los isleños e isleñas, sin importar la edad. Las mujeres contamos con esa suerte de que algún caballero se ofrece a ayudarnos en caso de necesitarlo, y más si hay que hacer fuerza. Así que acepté la ayuda de Rafa, el barman del hostel donde estaba parando, y él subió aquella Calle del Cementerio con mi mochila a cuestas. Grande Rafa!!

 Después del saludo simpático de Dorinha…sus palabras fueron:

 “Tengo que contarte algo…más tarde va a venir mi exmarido a visitarme, él llega de Francia y quiere saludarme, vos tenés que decir que somos amigas, no que me alquilas a mí. Si él pregunta…vos sos mi amiga”.

 Bue…¿que me iba a pasar si le decía eso a un tipo que ni conocía? nada. Total…era su ex marido.

Al rato cuando llego a la casa, conozco al señor, era un capoherista, musculoso, fortachón, tenía pinta de expresidiario y su rostro no expresaba ni un gramo de simpatía cuando me vio llegar. Este hombre de unos treinta y cinco años estaba con todas sus valijas y un perfume francés de regalo, ahí en la casa de Dorinha…donde yo también…iba a vivir a partir de ese día. Me presenté con mi nombre, a lo que Dorinha acotó con su sonrisita falsa… “ela é miha amiga argentina e vai ficar aquí um tempo”.

Y el señor musculoso, sudoroso y cero simpático respondió:

 Amiga, eu nao te conhecía, jamais te ví.

 Ahí…entendí casi todo. Digo casi todo…porque esa noche me quedé a dormir en  aquel departamentito compartido, y bastante disputado parecía.

 El marido francés se fue a visitar a su familia y parece que antes de  irse tuvieron un pelea y ahí comenzó a ser ex marido. Y ella quería buscar una excusa para que este hombre no viva más en ese departamento, y ahí estaba yo, la ingenua recién llegada, dispuesta a vivir una aventura, a conocer al pueblo brasilero, su cultura y aprender su idioma. Y claro… yo había pisado el palito de esta piba.

Esa noche, no tengo idea donde durmió el francés, yo dormí ahí y a la mañana siguiente, sin despedirme…y obviamente sin haber pagado nada…ni de anticipo, me rajé a un hostel unos días más. De semejante disgusto, me agarré la descompostura de mi vida, justo tenía 2 días libres  en mi trabajo, y me los pasé tirada en la cama, tomando agua y comiendo arroz, pensando en que coño iba a ser para encontrar un lugar en la isla. Eso sí, tenía trabajo…pero no casa.

Ya me había recorrido toda la Vila do Abraao y no conseguía nada nada nada.


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Trabajo ideal…sí, como no!

Praia Julia, caminando al trabajo

Praia Julia, caminando al trabajo

Caminar por la playa

¿Se puede sentir tanta emoción a las 7:00 am camino al trabajo? ¿O soy yo que estoy dentro de un sueño y no me puedo despertar?

Ahí vamos: tenía dos opciones para llegar al trabajo. Una era esperar en el muelle a mis compañeros y subirnos al barquito que nos llevaría a la posada. Y otra opción era ir caminando por la trilha, un sendero señalizado por el paso de hombre, donde en 15 minutos partiendo del pueblo, caminando por piedras y playas, me iba a encontrar con la puerta de la posada y ahí tocar una campana. Y elegí esta última. Necesitaba realmente estar en contacto con estas cosas y no podía ser de otra manera. Hacía muchos años que me trasladaba al trabajo urbano en ómnibus o subte, con mucha gente todos apretados entre el bullicio del los bocinazos. ¿Como no iba a sentir tremenda emoción en el pecho al caminar descalza  por la playa cuando todo el pueblo dormía, con el silencio de la mañana y la playa sólo para mí?.

Y así, otros días, decidía irme en el barquito…y empezar a animarme de a poco a la dinámica que me proponía la isla. A bajar unos cambios siempre que sea posible y a entender el tiempo de las cosas, y el tiempo de la gente.

La dinámica

Por ejemplo, si quería ir a una verdulería a comprar tomates, podía ser que no hubiese. No entendía como ni porqué no había tomates. Iba a otra verdulería y no había, y talvez no había lechuga y otras frutas que quería. Así fui a otra verdulería y  tampoco había. Eso me puso bastante nerviosa. Cuando llego al trabajo, si bien en la posada había un pequeño almacén, también faltaban algunas verduras, casi las mismas que faltaban en el pueblo. Y me dejaron escrito que tenía que recibir junto con el marinero en la barca de las 17 hrs las compras solicitadas por Carla. Entre ellas,  verduras. Claro, todo venía del continente, en la barca municipal, todos los pedidos en general hechos por todos los comercios, posadas, hostels y resorts de la isla. Así que si faltaba tomate, lechuga, maracuyá para las caipis y mangos…nos  faltaba a todos…y a todos…quería decir, a toda la isla.

Igual, subirme al barquito desde la posada, ir hasta el muelle para controlar los pedidos que venían en la barca, junto a todos los otros empleados de otras posadas y restoranes de la isla, en medio de los turistas que llegaban, gritos, y todo el mundo amontonado para agarrar y  llevar rápido su mercadería, todo ese bardo a mí me encantaba.

Acostarme en una piedra a ver el cielo estrellado

Sí…también fue una experiencia vivida desde y en  el trabajo. Cuando el cielo estaba con poca luna y muchas estrellas, y ya no había huéspedes en la zona de recepción, terminábamos de acomodar todo para el día siguiente y ese era el momento, y siempre rememorando la película  Hacia rutas salvajes, pienso…la felicidad es real cuando es compartida. Ahí estábamos Silmara, Ivan o Ezequías depende del día y yo, para compartir ese momento. Recostarse en la piedra, con caipi en mano, y quedarnos en silencio, mirando las estrellas, sin más que decir.

Luego, ya las 11 pm, subirnos al barquito y llegar al muelle, caminar un poco, encontrar gente conocida o por conocer y conversar del día y de la vida.


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Caipirinhas, azucar negra y gente boa

Vista de la posada, Vila do Abraao, Ilha Grande.

Vista de la posada, Vila do Abraao, Ilha Grande.

Moneda local: Real

Única actividad económica: Turismo

Medio de transporte: Barco, lancha, taxi boat, catamarán, bici y pié.

Pensamiento frecuente: No puedo creer en el paraíso que estoy viviendo.

Frase de cabecera: Disculpe, mas sou moradora, não turista.

Clima: Caluroso y humedo. Muchas lluvias.

Problema local: Los hongos en la ropa.

Así, con estos items fue como con dificultades me fui adaptando al estilo de vida isleño. Al segundo día que llegué, tuve  las cuatro entrevistas de trabajo que pude organizar por  e emails antes de ir. Y ya ese día tenía trabajo. Elegí el lugar que me parecía más bonito ¿por que no darme ese gusto, ya que estaba en un paraíso?

            Era una bella posada frente a una bahia, una de las posadas con más intimidad en la isla, y con más romanticismo. Mi función sería de gerente, una especie de recepcionista, encargada de que todo funcione bien. Y ahí para mí llegó lo más interesante, practicar mi portugués con mis compañeros de trabajo, que en realidad…no me entendían casi nada. Carla, la gerente principal y permanente de la posada me entrenó con toda la paciencia, ya que hablaba portugués en forma lenta para que yo entienda. Mi horario sería de 15 a 23 hrs y mis funciones serían las mismas que las de Carla pero a ese horario. Como era temporada alta, también compartí la función con Gerardo, un señor uruguayo que tenía a toda su familia viviendo en la isla, y decidió quedarse unos meses y buscarse  un trabajo. Él era mi soporte idiomático, hablaba muy bien inglés, italiano, francés y portugués. Un capo.

Grupo de huéspedes y staff. De derecha a izquierda, Ezequías, Fer,Silmara,André, Gerardo y yo de remera verde.

Grupo de huéspedes y staff. De derecha a izquierda, Ezequías, Fer,Silmara,André, Gerardo y yo de remera verde.

Mi horario lo compartía con Silmara, la cocinera morena más linda que había visto, de 44 años, 4 hijos y un físico envidiable, Ezequías de 21 años, marinero isleño que trasladaba en el barquito del la posada a los huéspedes, desde el muelle principal al muelle de la posada, y también nos trasladaba a nosotros que entrábamos a las 15 hrs y lo esperábamos también en el muelle. Ivan y Tanderson, otros marineros, uno carioca y el otro bahiano que a veces hacían el horario de la tarde y André el dueño de la posada. André es fotógrafo documentalista y paulista. Por lo conversado con él sus trabajos son especialmente sobre la comunidad afrodescendiente en Brasil y como una vez él me dijo comunidades de difícil acceso. En uno de sus libros retrata la vida dentro del expresidio que había en Ilha Grande hacía muchos años,  o Caldeirão do Diabo. Hacía ya varios años él y su esposa habían iniciado este proyecto de la posada. Desde mi criterio una de las más bonitas y con mejor vista de la isla.

Aprendí a hacer caipirinhas, la primera bien, pero poco a poco, fui ganando velocidad. Caipirinha de maracuyá con azúcar negra…es, fue y será una de mis preferidas.

En fin…tuve que aprender en portugués la carta para ofrecer la cena a los  huéspedes:

Pão de alho

Povo ao vinagrete

Peixe com banana, peixe com leite de coco

Lazanha de berengela.

Bolo

Frango grelhado com arroz e feijão.

Peixe grelhado.

Controlar la mercadería, hacer el pedido de frutas, comidas, era la tarea que más me gustaba. Y entender el portugués por teléfono, una tarea muy difícil al comienzo.

Ya estaba en Brasil…todo me marcaba que estos meses serían uno de los mejores veranos de mi vida. Un barquito, el agua, las caipirinhas de maracuyá con azúcar negra, mis compañeros. Todo eso era nuevo y me hacía feliz.

Y sí, ya estaba en este paraíso natural, en un lugar soñado…


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Ilha Grande…mi primer y gran destino.

Praia Abraozinho, Ilha Grande, Brasil

Praia Abraozinho, Ilha Grande, Brasil

Después de analizar y de imaginar, consultar con gente que vivía en Brasil, leer sobre distintas ciudades y  planear. Me decidí por un lugar muy interesante. Ilha Grande, en el estado de Río de Janeiro. Lo que más me seducía de Ilha Grande era  la idea de vivir en esta reserva natural, donde no dejaban entrar autos y solo se podía caminar y andar en bici. Había muchas cosas por conocer en la isla, muchas caminatas para ir meditando, paseos en barco, unas hermosas playas y actividades náuticas. Quería experimentar vivir en un paraíso así, sentirme una local, entender que pasa en un lugar como estos, que te genera diversión, estrés o preocupación y como se disfruta el día  y la noche. En fin…experimentar y andar todo el tiempo con ropa de verano. Eso quería. Ya estaba ahí… y no podía retroceder.

También, en algún momento iba a querer conocer Rio de Janeiro, así que decidí quedarme cerca. Tanto me habían hablado de Rio, y tanto había escuchado sus sambas, en una Roda de Samba en Buenos Aires a la que asistía todos los jueves, que realmente quería tomarme un tiempo para conocer y entender las letras de aquellos sambas. Estar en los lugares que tanto había escuchado.

Viaje por tierra

Despedida de Argentina.

Terminal de Posadas, Misiones,estirando las piernas con mi abuela y mi mamá.

El viaje lo hice por tierra, y así entender la dimensión de espacio, cuanto nos separa y cuantos nos une. Me gusta el cruce de frontera, que en realidad una vez que uno está ahí…se da cuenta que la frontera no existe. Sí, es un límite geográfico  y político. Pero solo es un tramo de asfalto o calle de tierra donde transitan las personas y hacen trámites, y de un lado se está aquí, y del otro allá, pero culturalmente se comparten muchas cosas.

  • 9  de Diciembre de 2011 a las 8 pm salió el ómnibus rumbo a Rio de Janeiro, desde Retiro, Buenos Aires.
  • 10 de Diciembre llegué a Posadas, donde mis padres y mi abuela me esperaban en la terminal para despedirse y conversar, ya que después de una hora y media de descanso, el ómnibus seguía a Rio.

Así fue, entre charlas y mates, llegamos a Rio. En este primer viaje de más de un día conocí a un grupo de amigos 2 chicas y un chico que eran formados en turismo y educación física y se iban a trabajar a Buzios por temporada, y a una familia de argentinos ya radicados también en Buzios hacía 10 años.

De tanta charla me invitaron a quedarme unos días en Rio con ellos, pero yo tenía miedo de no cumplir con el objetivo de llegar a Ilha Grande, donde ya tenía 4 contactos con posibilidades laborales. Temía que me entusiasmase con la ciudad nueva y los aires cariocas me hagan perder el primer objetivo. Así que les agradecí, y ya 11 de Diciembre partí, entre la gente y mi mochila, con mi portugués de instituto preguntando en la Rodoviaria. Con el calor sofocante de diciembre, me tomé el Bus de Costa Verde, y rajé para Angra Dos Reis o Concepção de Jacareí, donde debería tomar un barco que me llevaría a Ilha Grande.

Llegada a Ilha Grande

 “O povo me recebeu ao melhor estilo brasileiro”.

Llegué a Concepção de Jacarareí, y mientras esperaba a que salga el barco a La isla, dí unas vueltas y llegué a un bar casi en frente a pocos metros de la playa, donde siendo las 16 horas festejaban un cumpleaños de um cara. Y ahí en mis primeros momentos brasileros, compartí una gelada y petiscos con los lugareños contándoles que fui a hacer allí y de donde venía. Y escuchando musiquita pagode, creo que del grupo        “swing e simpatía”. Así…un rato después tomé mi barquito, mi primer barquito a Ilha Grande, sin saber que ese paseo lo haría una y otra vez durante los próximos 5 meses.  Y ahí…en la isla…comienza esta historia.

Buenos Aires, un día de estos, por Bárbara V. Pérez.