Dejate lle-Bar

Dejarse de llevar x una decisión, x un bus, Ilha Grande, Rio de Janeiro y un velero.


Deja un comentario

Trabajo ideal…sí, como no!

Praia Julia, caminando al trabajo

Praia Julia, caminando al trabajo

Caminar por la playa

¿Se puede sentir tanta emoción a las 7:00 am camino al trabajo? ¿O soy yo que estoy dentro de un sueño y no me puedo despertar?

Ahí vamos: tenía dos opciones para llegar al trabajo. Una era esperar en el muelle a mis compañeros y subirnos al barquito que nos llevaría a la posada. Y otra opción era ir caminando por la trilha, un sendero señalizado por el paso de hombre, donde en 15 minutos partiendo del pueblo, caminando por piedras y playas, me iba a encontrar con la puerta de la posada y ahí tocar una campana. Y elegí esta última. Necesitaba realmente estar en contacto con estas cosas y no podía ser de otra manera. Hacía muchos años que me trasladaba al trabajo urbano en ómnibus o subte, con mucha gente todos apretados entre el bullicio del los bocinazos. ¿Como no iba a sentir tremenda emoción en el pecho al caminar descalza  por la playa cuando todo el pueblo dormía, con el silencio de la mañana y la playa sólo para mí?.

Y así, otros días, decidía irme en el barquito…y empezar a animarme de a poco a la dinámica que me proponía la isla. A bajar unos cambios siempre que sea posible y a entender el tiempo de las cosas, y el tiempo de la gente.

La dinámica

Por ejemplo, si quería ir a una verdulería a comprar tomates, podía ser que no hubiese. No entendía como ni porqué no había tomates. Iba a otra verdulería y no había, y talvez no había lechuga y otras frutas que quería. Así fui a otra verdulería y  tampoco había. Eso me puso bastante nerviosa. Cuando llego al trabajo, si bien en la posada había un pequeño almacén, también faltaban algunas verduras, casi las mismas que faltaban en el pueblo. Y me dejaron escrito que tenía que recibir junto con el marinero en la barca de las 17 hrs las compras solicitadas por Carla. Entre ellas,  verduras. Claro, todo venía del continente, en la barca municipal, todos los pedidos en general hechos por todos los comercios, posadas, hostels y resorts de la isla. Así que si faltaba tomate, lechuga, maracuyá para las caipis y mangos…nos  faltaba a todos…y a todos…quería decir, a toda la isla.

Igual, subirme al barquito desde la posada, ir hasta el muelle para controlar los pedidos que venían en la barca, junto a todos los otros empleados de otras posadas y restoranes de la isla, en medio de los turistas que llegaban, gritos, y todo el mundo amontonado para agarrar y  llevar rápido su mercadería, todo ese bardo a mí me encantaba.

Acostarme en una piedra a ver el cielo estrellado

Sí…también fue una experiencia vivida desde y en  el trabajo. Cuando el cielo estaba con poca luna y muchas estrellas, y ya no había huéspedes en la zona de recepción, terminábamos de acomodar todo para el día siguiente y ese era el momento, y siempre rememorando la película  Hacia rutas salvajes, pienso…la felicidad es real cuando es compartida. Ahí estábamos Silmara, Ivan o Ezequías depende del día y yo, para compartir ese momento. Recostarse en la piedra, con caipi en mano, y quedarnos en silencio, mirando las estrellas, sin más que decir.

Luego, ya las 11 pm, subirnos al barquito y llegar al muelle, caminar un poco, encontrar gente conocida o por conocer y conversar del día y de la vida.

Anuncios


Deja un comentario

Caipirinhas, azucar negra y gente boa

Vista de la posada, Vila do Abraao, Ilha Grande.

Vista de la posada, Vila do Abraao, Ilha Grande.

Moneda local: Real

Única actividad económica: Turismo

Medio de transporte: Barco, lancha, taxi boat, catamarán, bici y pié.

Pensamiento frecuente: No puedo creer en el paraíso que estoy viviendo.

Frase de cabecera: Disculpe, mas sou moradora, não turista.

Clima: Caluroso y humedo. Muchas lluvias.

Problema local: Los hongos en la ropa.

Así, con estos items fue como con dificultades me fui adaptando al estilo de vida isleño. Al segundo día que llegué, tuve  las cuatro entrevistas de trabajo que pude organizar por  e emails antes de ir. Y ya ese día tenía trabajo. Elegí el lugar que me parecía más bonito ¿por que no darme ese gusto, ya que estaba en un paraíso?

            Era una bella posada frente a una bahia, una de las posadas con más intimidad en la isla, y con más romanticismo. Mi función sería de gerente, una especie de recepcionista, encargada de que todo funcione bien. Y ahí para mí llegó lo más interesante, practicar mi portugués con mis compañeros de trabajo, que en realidad…no me entendían casi nada. Carla, la gerente principal y permanente de la posada me entrenó con toda la paciencia, ya que hablaba portugués en forma lenta para que yo entienda. Mi horario sería de 15 a 23 hrs y mis funciones serían las mismas que las de Carla pero a ese horario. Como era temporada alta, también compartí la función con Gerardo, un señor uruguayo que tenía a toda su familia viviendo en la isla, y decidió quedarse unos meses y buscarse  un trabajo. Él era mi soporte idiomático, hablaba muy bien inglés, italiano, francés y portugués. Un capo.

Grupo de huéspedes y staff. De derecha a izquierda, Ezequías, Fer,Silmara,André, Gerardo y yo de remera verde.

Grupo de huéspedes y staff. De derecha a izquierda, Ezequías, Fer,Silmara,André, Gerardo y yo de remera verde.

Mi horario lo compartía con Silmara, la cocinera morena más linda que había visto, de 44 años, 4 hijos y un físico envidiable, Ezequías de 21 años, marinero isleño que trasladaba en el barquito del la posada a los huéspedes, desde el muelle principal al muelle de la posada, y también nos trasladaba a nosotros que entrábamos a las 15 hrs y lo esperábamos también en el muelle. Ivan y Tanderson, otros marineros, uno carioca y el otro bahiano que a veces hacían el horario de la tarde y André el dueño de la posada. André es fotógrafo documentalista y paulista. Por lo conversado con él sus trabajos son especialmente sobre la comunidad afrodescendiente en Brasil y como una vez él me dijo comunidades de difícil acceso. En uno de sus libros retrata la vida dentro del expresidio que había en Ilha Grande hacía muchos años,  o Caldeirão do Diabo. Hacía ya varios años él y su esposa habían iniciado este proyecto de la posada. Desde mi criterio una de las más bonitas y con mejor vista de la isla.

Aprendí a hacer caipirinhas, la primera bien, pero poco a poco, fui ganando velocidad. Caipirinha de maracuyá con azúcar negra…es, fue y será una de mis preferidas.

En fin…tuve que aprender en portugués la carta para ofrecer la cena a los  huéspedes:

Pão de alho

Povo ao vinagrete

Peixe com banana, peixe com leite de coco

Lazanha de berengela.

Bolo

Frango grelhado com arroz e feijão.

Peixe grelhado.

Controlar la mercadería, hacer el pedido de frutas, comidas, era la tarea que más me gustaba. Y entender el portugués por teléfono, una tarea muy difícil al comienzo.

Ya estaba en Brasil…todo me marcaba que estos meses serían uno de los mejores veranos de mi vida. Un barquito, el agua, las caipirinhas de maracuyá con azúcar negra, mis compañeros. Todo eso era nuevo y me hacía feliz.

Y sí, ya estaba en este paraíso natural, en un lugar soñado…