Dejate lle-Bar

Dejarse de llevar x una decisión, x un bus, Ilha Grande, Rio de Janeiro y un velero.


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Un carnaval sensorial, en aquella isla calurosa

  Aquí llega el Carnaval…
– Sí… musical y tropical. Carnaval sensorial, abismal, anormal, mmm atemporal.
– ¿Patrialcal, matrialcal?
– Que importa eso!!? Carnaval sentimental, del arrabal, y del cañaveral, anticolonial, y anticlerical…sí…anticlerical.
– Antifeudal, sí…en sus orígenes.
– Inmoral, genital, internacional, sexual y…con efecto medicinal…

 

carnaval1

Lo que recuerdo de aquel primer carnaval en Brasil, es mi sensación de orgullo. Me decía a mí misma “Me animé y acá estoy…en medio de este caos…vivita y coleando, que genia que soy”. En medio de gente desconocida y feliz, muerta de calor, yo sin entender mucho aquella energía de gente disfrazada por donde mire. Viviendo esa fiesta popular llamada Carnaval, de cuatro días locos.
A las once de la noche ya estaba libre. En la posada, la hija del dueño, Lili de 5 años llevaba una pollerita de odalisca y una pequeña corona. Tres días antes de carnaval había ingresado un recepcionista nuevo, al cual yo tenía que entrenar, y la verdad a demás de ser muy simpático…estaba un poco loco. Era carioca, tenía mi edad y era guía de turismo. Se burlaba de mi portugués, y cuando yo quería introducir algún modismo brasilero en mi vocabulario él me decía “por favor…fala o básico”. Todo el staff lo único que esperaba era las gloriosas 23 horas para salir corriendo a disfrutar de la primer noche de carnaval. No entiendo como, yo no había terminado de ordenar todo, y no quería al día siguiente reproches del dueño, así que me tomé mi tiempo para cerrar los números a cuesta de la mala cara de todos, hasta que vino mi compañero nuevo de recepción y a golpe de mesa me dice:
– Bárbara! É carnaval, esquece tudo, vamos para fora! Lá na rua até o dono já ta dançando, e você aqui demorando, bora argentina!
En 3 minutos ya estaba en el muelle, charloteando con un chico muy hermoso que había conocido hacía unos días, también guía de turismo y hacia muchos años que conocía la isla, carioca de 33 años, siempre iba de vacaciones desde niño, hasta que decidió trabajar allí. Alternaba su vida laboral, los veranos en la isla y durante el año en Rio de Janeiro. Lamentablemente me estaba informando que se iba a pasar carnaval en Rio, junto a su familia, descansar un poco y volvía después de carnaval. Así que sí, la conversa seguiría después de carnaval.

Por 4 días locos que vamos a vivir

Creo que de este carnaval aprendí que hay que cuidarse mucho de Don carnal, Don carnal nos traiciona y nos invita a su fiesta llena de alegría y diversión…donde no hay reflexión y ni mucho menos la idea de planificación a largo plazo, sólo está el momento, efímero, esa idea de ¿porque no ahora?. Y si la idea es que algo quede para después…aunque sea una conversación con un galán tropical (padre de mis hijos si hubiese prosperado) tal vez ya sea tarde, porque pasó el carnaval que dejó su estela colorida y aromática, mezclada con humareda de confusión. Quatre, four o cuatro días donde quien sabe uno como va a terminar…y que va a pasar.
Siempre recuerdo la imagen de un marinero que para mí, tenía cara y la pinta de mujeriego, y bueno…en carnaval lo comprobé…4 días, 4 chicas distintas, por ahí paseando por el pueblo.
Despidiendo a mi amigo galán que volvería en 4 días di la bienvenida, sin disfraz al carnaval junto a una batucada y un escenario a puro samba y forró exclusivamente para el evento. La isla estaba llena, no se podía ir a ninguna playa para estar tranquilo…porque era imposible. Lleno de gente…mires donde mires, sea la hora que sea.
El segundo día me animé a usar unos lentes locos, no tenía el coraje para andar disfrazada.

¿Cual es tu fantasía de Carvanal?

Esa era la pregunta que todos se hacían mutuamente. Y, si tengo que responder eso… ¿no será un poco privada la respuesta?
Fantasía para mí es eso que no puedo hacer en la realidad, pero sí en el plano de la imaginación. Pero en Brasil la palabra fantasía significa simplemente “disfraz”.
Sí todo el mundo anda haciendo realidad su fantasía en Carnaval a plena luz del día… imaginense lo que era eso, un lindo desfile, de hombres fantaseando que eran mujeres, con pelucas de colores, mucamas, mujeres fantaseando que eran tigresas, niñas siendo odaliscas, algunos ogros, sombreros raros, ropas de colores, médicos cirujanos listos para operar y no faltaban los improvisados con algún par de orejas gigantes.

Amor de Carnaval
Entre fantasías, cámaras de fotos y alboroto conocí a mi amor de carnaval, Martín, un platense vibraba alegría al que le pedí inocentemente que me saque una foto con los cirujanos estos que andaban queriendo operar gente en pleno carnaval y ahí fue el momento en que pintó charla y charla sin parar…parecía que hacía 3 años no charlaba con un argentino, me contó que era chef y baterista y estaba de vacaciones con sus 7 amigos, se quedarían una semana en la isla y luego irían a Rio de Janeiro. El tema es que me sentí un toque rara de tanta energía de golpe y al rato…corté la charla con la excusa, me voy un rato con mis amigos y me esfumé. Al día siguiente, estuve dando vueltas, bailoteando, charlando con todos mis conocidos de la isla y ya cuando me iba a dormir ahí apareció risueño el platense con su gorrita bohemia y musculosa verde, listo para comenzar su segunda noche de carnaval y yo ya cerrando mi día. Y sí…que mejor excusa para quedarme un rato más…escuchando su reproche de que la noche anterior huí como la cenicienta…así fue la tercera y cuarta noche carnavalesca y esa semana bella, en la que me esperaba en el muelle después de mi trabajo. Los amores de carnaval son así, breves, intensos, divertidos, amigables, amores que uno no quisiera soltar pero sabemos que hay que dejarlos ir, así es el carnaval, efímero, sensorial, anormal, sentimental.
Y claro…en el medio de este amorío, volvió aquel muchacho que había conocido en la isla, aquel guía de turismo hermoso. Con quién no tuve más que malos entendidos, al mandarle un mensaje equivocado, que era para otro chico (mi defensa es que en carnaval a todos se nos cruzan los cables), al tiempo dejó de saludarme, al tiempo nos amigamos de nuevo, al tiempo creo que se puso de novio, al tiempo mi estadía en la isla se terminó.
Y como dice muy sabiamente Jair Rodrigues en su samba “Amor de Carnaval”
Amor de carnaval desaparece na fumaça
Saudade é coisa que dá e passa.

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Fiesta sí… fiado no.

Show en el centro de Vila do Abraao

Show en el centro de Vila do Abraao

Así fue, Navidad y año nuevo en Ilha Grande, se festeja en la calle. Está bien comer algo un rato con la familia, pero no extenderse mucho, porque lo mejor, está afuera. Música en la calle, ya sea músicos improvisados o músicos organizados especialmente para el evento. El encuentro con los vecinos, amigos o turistas, eso es lo importante. Obviamente compartir una cerveza bien fría, una o varias caipis. El ruido, el bullicio, todo el mundo hablando, bailando, brindando, tampoco percibí que importaba la forma de vestirse. Si alguno quiere vestirse para la ocasión, bien, pero si no, también. Como en mi caso, el 24 de Diciembre fui a la playa, luego directo a trabajar, cenamos todos juntos en la posada y luego a la casa de Silmara, a seguir comiendo. Así que mi atuendo navideño, era un short, chinelas, bikini, y un pañuelo en la cabeza. Quise ir al hostel a ducharme…pero era perder tiempo, ya fue.

El centro de Vila do Abraao es frente a la iglesia donde hay varios bares enfrentados, y uno sobre todo vende la latita de cerveza más barata, así que ese es el punto donde la mayor cantidad de gente se concentra, la sed es mucha, la fila es larga pero sobra la alegría, así que no importa esperar, charlo con la gente y les cuento que soy argentina, vine a trabajar durante el verano y que quiero conocer el idioma un poco de la cultura brasilera. La frase que más escuché en esa fila fue… “Seja bem-vinda”.

No se fía en este bar.

No se fía en este bar.

Hay una fila que también es larga, la de baño de mujeres como siempre. Pero en este caso, es mucho más larga que en cualquier lugar. Hace mucho mucho calor, se toma mucho mucho liquido, y los baños de los bares no dan abasto, entre la fila para comprar algo para tomar y la del baño, ya se arma un caos tremendo, de gente, charlas con desconocidos y amigos del momento. Me siento feliz por estar en esta fiesta, al aire libre, en la calle, sin pagar ninguna entrada vip (que de por cierto no es mi estilo pagar una entrada para llegar a una gran fiesta).

¿Para que una entrada exclusiva o vip? Si las mejores cosas, pasan en lo cotidiano, en un encuentro casual, sin prever y sin controlar nada. Eso ya lo vengo aprendiendo en la vida…pero sobre todo…en este viaje.

Barbi.


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Regalo de Navidad!! La casita

Casita.

Casita.

Isla Grande es una reserva biológica donde lo principal es la conservación y cuidado del medio ambiente (voy a ampliar sobre este aspecto luego). Los locales y el municipio tienen clara conciencia de ello, con lo cual se busca constantemente que la invasión de turistas no traiga contaminación. A su vez, también, por lo que investigué y pregunté mientras buscaba vivienda, es que por ser una reserva ambiental, hay límites para la construcción, al margen de que sea muy costoso construir en la isla, también hay regulaciones, y claro, esto hace que no sea fácil…o diría casi imposible conseguir un lugarcito donde vivir por varios meses. También, la persona que puede alquilar su casa, claramente la alquila al turista.

Igual, pese a todo, parece que Papá Noel, o Santa, o el gordito ese que se hace el simpático y que debería llegar regalos de verdad, me tiró una soga, a un día de decidir irme de Isla Grande.

Pasaron 10 días y yo no conseguía casa. Y no pensaba quedarme hasta año nuevo en la isla, pagando todo a precio turista. Hablé en la posada y dije que si para el 23 no conseguía nada, me iba a pasar las fiestas con una amiga en Sao Paulo y luego, reorientaría mi viaje. Ahí cayó el regalito. Entró una nueva compañera a trabajar, ella era brasilera, creo que de Porto Alegre y ya había alquilado por medio de un contrato una casita, y me ofreció quedarme un tiempo hasta que consiga lugar. La casita era pequeña y de madera. Tenia espacio, eso era lo imporante. Me aclaró que sería temporal, que tenía que hablar con la dueña pero que por un tiempo no había problema, y que en año nuevo venían unas amigas, si no tenía problema en compartir, le dije que sin problema. Así el 25 de Diciembre me mudé.

En la posada hicimos una cena, entre los huéspedes y los funcionarios y luego después de las 11 PM nos fuimos a festejar al pueblo. A partir de ahí, mi amiga de cabecera y compañera de trabajo fue Silmara, la cocinera. Ella me invitó a pasar un rato a su casa y a compartir su mesa con ella y sus hijos adolescentes. Fue la navidad más atípica  y acogedora de mi vida. Con Sil, con Bárbara y Miguel, de 17 y 15 años, más tarde llegó su otra hija Bruna, que ya vivía con su novio, en otra casita. Ahí, todos juntos entre risas y comentarios, aprendiendo frases locales y escuchando en una vieja radio, una emisora de Angra Dos Reis, una canción que quedó en mi memoria como muchas otras, esta se llamaba Chora vagabundo, interpretada por el  grupo Revelaçao e Pique Novo. Así que cuando llegaba el estribillo, con caipirinha en mano, allí estábamos Sil, Bárbara, Bruna y yo…al ritmo de palmas entonando “chora vagabundo”.

Aquí va el tema, me encanta.

Así que ya el 25, tenía casita compartida. Mi compañera de trabajo y sus amigas de la universidad, pasamos varios días de charlas y compartir historias de universidad, viajes, años nuevos y amores pasados, cerveza y compañía agradable, esperando en breve el año nuevo brasilero, todos lejos de casa pero felices de estar ahí, entre bolsas de dormir, carpas sin desarmar, colchones, banquitos de madera, una cocinita con lo básico, pero que no falte la buena vibra. Ellas, 3 oceanógrafas, una experimentando la vida de la isla, otra a punto de ingresar a la marina brasilera, y la otra trabajando en Manaus, Amazonas, en el área de conservación de una parque nacional. También vinieron, la mamá de una de ellas y un amigo.

Navidad, días de lluvia y la charla en portugués, fueron mis atractivos turísticos de esa agradable semana.

Charlando en la casita, en un día de lluvia.

Charlando en la casita, en un día de lluvia.


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Ilha Grande…mi primer y gran destino.

Praia Abraozinho, Ilha Grande, Brasil

Praia Abraozinho, Ilha Grande, Brasil

Después de analizar y de imaginar, consultar con gente que vivía en Brasil, leer sobre distintas ciudades y  planear. Me decidí por un lugar muy interesante. Ilha Grande, en el estado de Río de Janeiro. Lo que más me seducía de Ilha Grande era  la idea de vivir en esta reserva natural, donde no dejaban entrar autos y solo se podía caminar y andar en bici. Había muchas cosas por conocer en la isla, muchas caminatas para ir meditando, paseos en barco, unas hermosas playas y actividades náuticas. Quería experimentar vivir en un paraíso así, sentirme una local, entender que pasa en un lugar como estos, que te genera diversión, estrés o preocupación y como se disfruta el día  y la noche. En fin…experimentar y andar todo el tiempo con ropa de verano. Eso quería. Ya estaba ahí… y no podía retroceder.

También, en algún momento iba a querer conocer Rio de Janeiro, así que decidí quedarme cerca. Tanto me habían hablado de Rio, y tanto había escuchado sus sambas, en una Roda de Samba en Buenos Aires a la que asistía todos los jueves, que realmente quería tomarme un tiempo para conocer y entender las letras de aquellos sambas. Estar en los lugares que tanto había escuchado.

Viaje por tierra

Despedida de Argentina.

Terminal de Posadas, Misiones,estirando las piernas con mi abuela y mi mamá.

El viaje lo hice por tierra, y así entender la dimensión de espacio, cuanto nos separa y cuantos nos une. Me gusta el cruce de frontera, que en realidad una vez que uno está ahí…se da cuenta que la frontera no existe. Sí, es un límite geográfico  y político. Pero solo es un tramo de asfalto o calle de tierra donde transitan las personas y hacen trámites, y de un lado se está aquí, y del otro allá, pero culturalmente se comparten muchas cosas.

  • 9  de Diciembre de 2011 a las 8 pm salió el ómnibus rumbo a Rio de Janeiro, desde Retiro, Buenos Aires.
  • 10 de Diciembre llegué a Posadas, donde mis padres y mi abuela me esperaban en la terminal para despedirse y conversar, ya que después de una hora y media de descanso, el ómnibus seguía a Rio.

Así fue, entre charlas y mates, llegamos a Rio. En este primer viaje de más de un día conocí a un grupo de amigos 2 chicas y un chico que eran formados en turismo y educación física y se iban a trabajar a Buzios por temporada, y a una familia de argentinos ya radicados también en Buzios hacía 10 años.

De tanta charla me invitaron a quedarme unos días en Rio con ellos, pero yo tenía miedo de no cumplir con el objetivo de llegar a Ilha Grande, donde ya tenía 4 contactos con posibilidades laborales. Temía que me entusiasmase con la ciudad nueva y los aires cariocas me hagan perder el primer objetivo. Así que les agradecí, y ya 11 de Diciembre partí, entre la gente y mi mochila, con mi portugués de instituto preguntando en la Rodoviaria. Con el calor sofocante de diciembre, me tomé el Bus de Costa Verde, y rajé para Angra Dos Reis o Concepção de Jacareí, donde debería tomar un barco que me llevaría a Ilha Grande.

Llegada a Ilha Grande

 “O povo me recebeu ao melhor estilo brasileiro”.

Llegué a Concepção de Jacarareí, y mientras esperaba a que salga el barco a La isla, dí unas vueltas y llegué a un bar casi en frente a pocos metros de la playa, donde siendo las 16 horas festejaban un cumpleaños de um cara. Y ahí en mis primeros momentos brasileros, compartí una gelada y petiscos con los lugareños contándoles que fui a hacer allí y de donde venía. Y escuchando musiquita pagode, creo que del grupo        “swing e simpatía”. Así…un rato después tomé mi barquito, mi primer barquito a Ilha Grande, sin saber que ese paseo lo haría una y otra vez durante los próximos 5 meses.  Y ahí…en la isla…comienza esta historia.

Buenos Aires, un día de estos, por Bárbara V. Pérez.