Dejate lle-Bar

Dejarse de llevar x una decisión, x un bus, Ilha Grande, Rio de Janeiro y un velero.


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Forró: nordestino, festivo y sensual. A bailar!

Si hubo algo que me acompaño en toda mi estadía en Brasil fue el Forró.

El Forró es un ritmo y  una danza muy alegre originaria del nordeste de Brasil. Se baila en pareja y abrazaditos.

Fue otra experiencia, yo venía del tango, y de sus melancólicos y apasionados abrazos. La salsa también me acompañó en mi aprendizaje de “bailar en pareja” “sentir las marcas del otro”, “el dejarse llevar”. Varias brasileras que había conocido en Buenos Aires, ya me habían hablado con mucha alegría  de esta danza y una de ellas que era de Vitoria, Espíritu Santo, se reconocía como una “gran forrozera”.

Nunca me hubiese imaginado que tiempo después, cuando decidí irme de la isla a Rio de Janeiro, mi amiga forrozera por excelencia, Renata, también sería de Vitoria, Espíritu Santo.

Con mi amiga Renata, listas para el Forró

Con mi amiga Renata, listas para el Forró

¿Y de donde viene?

Se dice que surgió a fines del siglo XIX y se bailaba en los patios de tierra, por lo cual se mojaba el piso para que no se levante tanto polvo, y las personas danzaban arrastrando los pies para que el polvo no suba. El origen del nombre se dice que viene de forrobodó que significa arrastra pié, confusión, fiesta, desorden. Antiguamente este termino era considerado para los bailes de las clases populares con cierto preconcepto, en según conversé con algunos forrozeros hoy también pasa, pero menos que antes. Hoy el forró se ha extendido en todo Brasil y se organizan bailes exclusivamente de forró con música en vivo. Es genial!! También se decía que los ingleses organizaban bailes en los días de franco de los trabajadores y la denominación a estos era “for all”.

El baile

Hay forrós más sensuales que se dicen que son más del nordeste y otros más rápidos y agitados, esos son un verdadero reto (lo digo desde mi observación participante) que lo llaman “universitarios”, por las fiestas de forró que allí se celebraban. Parece que cuanto más divertido, cortos y rápidos los pasos, más se llega a ese disfrute loco de la alegría universitaria, en el que parece que uno va a morir bailando…sudando sobre todo.

El ritmo es una generalización de otros estilos de la zona, baiao, quadrilha, xote e polcas con influencias holandesas y portuguesas. Y claramente el forró tiene las influencias europeas de las danzas de salón. El forró tradicional es denominado “pé na terra” y ya es popular en todo Brasil.

Bailando forró en Rio de Janeiro.

Bailando forró en Rio de Janeiro.

Fue la danza que más bailé en Isla Grande, tanto en la playa como en el único boliche que había (al cual fui solo una vez, un sábado que no paraba de llover).

A la salida del trabajo me sorprendieron en la plaza, frente a la iglesia, un grupo de 3 músicos, uno que tocaba el triangulo, otro el tambor zabumba, otro el acordeón o sanfona (este nombre es específico para el forró). A veces no estaba el acordeonista y también sonaba exquisito junto al canto de otro de los músicos. Frente al mar fue donde comenzaron mis primeros pasos. Rato tras rato, noche tras noche. Aprendiendo el ritmo y sintiendo la vibra del nordeste en mi corazón.

Uno de los principales músicos y que dejó legado en este ritmo fue Luis Gonzaga, Pernambucano y precursor de este ritmo junto a su zabumba, murió en 1989.

Aquí van algunos flyers de las fiestas forrozeras y más arriba, ya lo habrán visto un video  hecho por mí, en un forró de Rio de Janeiro, en la Pedra do Sal. Mi amiga Flora,percusionista, toca el triángulo. Yo no aparezco bailando…pero no significa que no me hayan sacado a bailar. No hay alternativa, si sos mujer y estás ahí…es para bailar, no hay excusas y hasta la más tímida se deja agarrar por un brasilero aunque sea para pisarlo y equivocarse. Hay que intentarlo. Como todo en la vida. Pienso.

Bárbara

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Fiesta sí… fiado no.

Show en el centro de Vila do Abraao

Show en el centro de Vila do Abraao

Así fue, Navidad y año nuevo en Ilha Grande, se festeja en la calle. Está bien comer algo un rato con la familia, pero no extenderse mucho, porque lo mejor, está afuera. Música en la calle, ya sea músicos improvisados o músicos organizados especialmente para el evento. El encuentro con los vecinos, amigos o turistas, eso es lo importante. Obviamente compartir una cerveza bien fría, una o varias caipis. El ruido, el bullicio, todo el mundo hablando, bailando, brindando, tampoco percibí que importaba la forma de vestirse. Si alguno quiere vestirse para la ocasión, bien, pero si no, también. Como en mi caso, el 24 de Diciembre fui a la playa, luego directo a trabajar, cenamos todos juntos en la posada y luego a la casa de Silmara, a seguir comiendo. Así que mi atuendo navideño, era un short, chinelas, bikini, y un pañuelo en la cabeza. Quise ir al hostel a ducharme…pero era perder tiempo, ya fue.

El centro de Vila do Abraao es frente a la iglesia donde hay varios bares enfrentados, y uno sobre todo vende la latita de cerveza más barata, así que ese es el punto donde la mayor cantidad de gente se concentra, la sed es mucha, la fila es larga pero sobra la alegría, así que no importa esperar, charlo con la gente y les cuento que soy argentina, vine a trabajar durante el verano y que quiero conocer el idioma un poco de la cultura brasilera. La frase que más escuché en esa fila fue… “Seja bem-vinda”.

No se fía en este bar.

No se fía en este bar.

Hay una fila que también es larga, la de baño de mujeres como siempre. Pero en este caso, es mucho más larga que en cualquier lugar. Hace mucho mucho calor, se toma mucho mucho liquido, y los baños de los bares no dan abasto, entre la fila para comprar algo para tomar y la del baño, ya se arma un caos tremendo, de gente, charlas con desconocidos y amigos del momento. Me siento feliz por estar en esta fiesta, al aire libre, en la calle, sin pagar ninguna entrada vip (que de por cierto no es mi estilo pagar una entrada para llegar a una gran fiesta).

¿Para que una entrada exclusiva o vip? Si las mejores cosas, pasan en lo cotidiano, en un encuentro casual, sin prever y sin controlar nada. Eso ya lo vengo aprendiendo en la vida…pero sobre todo…en este viaje.

Barbi.


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Regalo de Navidad!! La casita

Casita.

Casita.

Isla Grande es una reserva biológica donde lo principal es la conservación y cuidado del medio ambiente (voy a ampliar sobre este aspecto luego). Los locales y el municipio tienen clara conciencia de ello, con lo cual se busca constantemente que la invasión de turistas no traiga contaminación. A su vez, también, por lo que investigué y pregunté mientras buscaba vivienda, es que por ser una reserva ambiental, hay límites para la construcción, al margen de que sea muy costoso construir en la isla, también hay regulaciones, y claro, esto hace que no sea fácil…o diría casi imposible conseguir un lugarcito donde vivir por varios meses. También, la persona que puede alquilar su casa, claramente la alquila al turista.

Igual, pese a todo, parece que Papá Noel, o Santa, o el gordito ese que se hace el simpático y que debería llegar regalos de verdad, me tiró una soga, a un día de decidir irme de Isla Grande.

Pasaron 10 días y yo no conseguía casa. Y no pensaba quedarme hasta año nuevo en la isla, pagando todo a precio turista. Hablé en la posada y dije que si para el 23 no conseguía nada, me iba a pasar las fiestas con una amiga en Sao Paulo y luego, reorientaría mi viaje. Ahí cayó el regalito. Entró una nueva compañera a trabajar, ella era brasilera, creo que de Porto Alegre y ya había alquilado por medio de un contrato una casita, y me ofreció quedarme un tiempo hasta que consiga lugar. La casita era pequeña y de madera. Tenia espacio, eso era lo imporante. Me aclaró que sería temporal, que tenía que hablar con la dueña pero que por un tiempo no había problema, y que en año nuevo venían unas amigas, si no tenía problema en compartir, le dije que sin problema. Así el 25 de Diciembre me mudé.

En la posada hicimos una cena, entre los huéspedes y los funcionarios y luego después de las 11 PM nos fuimos a festejar al pueblo. A partir de ahí, mi amiga de cabecera y compañera de trabajo fue Silmara, la cocinera. Ella me invitó a pasar un rato a su casa y a compartir su mesa con ella y sus hijos adolescentes. Fue la navidad más atípica  y acogedora de mi vida. Con Sil, con Bárbara y Miguel, de 17 y 15 años, más tarde llegó su otra hija Bruna, que ya vivía con su novio, en otra casita. Ahí, todos juntos entre risas y comentarios, aprendiendo frases locales y escuchando en una vieja radio, una emisora de Angra Dos Reis, una canción que quedó en mi memoria como muchas otras, esta se llamaba Chora vagabundo, interpretada por el  grupo Revelaçao e Pique Novo. Así que cuando llegaba el estribillo, con caipirinha en mano, allí estábamos Sil, Bárbara, Bruna y yo…al ritmo de palmas entonando “chora vagabundo”.

Aquí va el tema, me encanta.

Así que ya el 25, tenía casita compartida. Mi compañera de trabajo y sus amigas de la universidad, pasamos varios días de charlas y compartir historias de universidad, viajes, años nuevos y amores pasados, cerveza y compañía agradable, esperando en breve el año nuevo brasilero, todos lejos de casa pero felices de estar ahí, entre bolsas de dormir, carpas sin desarmar, colchones, banquitos de madera, una cocinita con lo básico, pero que no falte la buena vibra. Ellas, 3 oceanógrafas, una experimentando la vida de la isla, otra a punto de ingresar a la marina brasilera, y la otra trabajando en Manaus, Amazonas, en el área de conservación de una parque nacional. También vinieron, la mamá de una de ellas y un amigo.

Navidad, días de lluvia y la charla en portugués, fueron mis atractivos turísticos de esa agradable semana.

Charlando en la casita, en un día de lluvia.

Charlando en la casita, en un día de lluvia.


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Sin casa… camino al cementerio

Iglesia de San Sebastian, Vila do Abraao, Ilha Grande

Iglesia de San Sebastian, Vila do Abraao, Ilha Grande

Sí…mi diagrama mental decía: llego a la isla me quedo 5 días en un hostel mientras busco un lugar donde vivir, alguna casa compartida, algún cuarto, que no me salga tan caro y listo, el que busca encuentra.

            Ok, así fue, ya estaba por el quinto día y no conseguía un lugar decente para vivir. Con trabajo y emocionadísima con el paraíso terrenal donde me estaba viviendo, yo no encontraba un rinconcito para estacionar mi humilde humanidad. El problema es que me fui enojando un poco día tras día. No podía ser que no encuentre casa.

             Y lo que más bronca me daba es que me ofrecían un cuarto que valía casi lo mismo que mi salario, con techo de chapa, horrible y sucio que me imagino que si llovía afuera también llovía adentro, y con una expresión como si  me estuvieran ofreciendo una suite con hidromasaje. Así…pasaban los días y esta situación se repetía una y otra vez. Ni hablar de los viejos babosos que me invitaron a compartir su casa… fica aquí… aquí tem vaga (quedate aquí hay un lugar). Toda esta situación me empezó digamos que a enfurecer de a poquito  y la frutilla de la torta fue que me recomendaran  a Dorinha. Fui a conocerla, la casa de ella quedaba al final de la Rua do Cemiterio, Calle del Cementerio, y sí…digamos que siguiendo ese camino y aceptando la propuesta de Dorinha,  yo misma me estaba…cavando mi propia fosa.

La propuesta de Dorinha (una mujer de 32 años, bajita, tez blanca y rulos castaños) era compartir su pequeño departamento donde tenía una cama cucheta. La verdad es que no tenía muchas opciones, todo estaba a precio turista, y  por el momento yo estaba pagando mi hospedaje a ese precio. Ya era 17 de Diciembre, se venia Navidad y Año Nuevo y en la isla (como en todo Brasil, los precios de los hospedajes se triplicaban) y yo tenía que conseguir algún lugar a precio morador. Ya había averiguado en campings, aunque no me había llevado carpa, y también aumentaban sus precios, y no me dejaban acampar más de 15 días. Digamos que estaba “la horno” y  pero acepté  probar.

La rua de Cemiterio era subida gran subida. Caminar esa calle con el calor de diciembre y sin mochila ya era un esfuerzo y un buen ejercicio para tonificar glúteos, piernas y perder toxinas. Ahí entendí el porque de las piernas fuertes de los isleños e isleñas, sin importar la edad. Las mujeres contamos con esa suerte de que algún caballero se ofrece a ayudarnos en caso de necesitarlo, y más si hay que hacer fuerza. Así que acepté la ayuda de Rafa, el barman del hostel donde estaba parando, y él subió aquella Calle del Cementerio con mi mochila a cuestas. Grande Rafa!!

 Después del saludo simpático de Dorinha…sus palabras fueron:

 “Tengo que contarte algo…más tarde va a venir mi exmarido a visitarme, él llega de Francia y quiere saludarme, vos tenés que decir que somos amigas, no que me alquilas a mí. Si él pregunta…vos sos mi amiga”.

 Bue…¿que me iba a pasar si le decía eso a un tipo que ni conocía? nada. Total…era su ex marido.

Al rato cuando llego a la casa, conozco al señor, era un capoherista, musculoso, fortachón, tenía pinta de expresidiario y su rostro no expresaba ni un gramo de simpatía cuando me vio llegar. Este hombre de unos treinta y cinco años estaba con todas sus valijas y un perfume francés de regalo, ahí en la casa de Dorinha…donde yo también…iba a vivir a partir de ese día. Me presenté con mi nombre, a lo que Dorinha acotó con su sonrisita falsa… “ela é miha amiga argentina e vai ficar aquí um tempo”.

Y el señor musculoso, sudoroso y cero simpático respondió:

 Amiga, eu nao te conhecía, jamais te ví.

 Ahí…entendí casi todo. Digo casi todo…porque esa noche me quedé a dormir en  aquel departamentito compartido, y bastante disputado parecía.

 El marido francés se fue a visitar a su familia y parece que antes de  irse tuvieron un pelea y ahí comenzó a ser ex marido. Y ella quería buscar una excusa para que este hombre no viva más en ese departamento, y ahí estaba yo, la ingenua recién llegada, dispuesta a vivir una aventura, a conocer al pueblo brasilero, su cultura y aprender su idioma. Y claro… yo había pisado el palito de esta piba.

Esa noche, no tengo idea donde durmió el francés, yo dormí ahí y a la mañana siguiente, sin despedirme…y obviamente sin haber pagado nada…ni de anticipo, me rajé a un hostel unos días más. De semejante disgusto, me agarré la descompostura de mi vida, justo tenía 2 días libres  en mi trabajo, y me los pasé tirada en la cama, tomando agua y comiendo arroz, pensando en que coño iba a ser para encontrar un lugar en la isla. Eso sí, tenía trabajo…pero no casa.

Ya me había recorrido toda la Vila do Abraao y no conseguía nada nada nada.


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Cachoeira da Feticeira y su hechizo

Cachoeira

La Cachoeira da feticeira o la Cascada  de la Hechicera es muy interesante. Se llega caminando como todo en la isla. Es una trilha que dura 40 minutos entre subidas y bajadas en el medio del mato, por un sendero que ya está marcado por el paso del hombre. No es un camino muy fácil  pero al comenzar a transitarlo ya uno se siente parte de la naturaleza. Se sale de Vila Abrao, y hay que pasar el acueducto. Siempre uno encuentra a gente que va hacia allá. El camino está marcado por carteles, nadie se pierde. Recuerdo que la primera vez que fui, fui sola y se me cruzó una víbora, así que esperé a un chico que venía atrás mío y  seguimos juntos el trayecto. Al llegar está la cachoeira y una pequeña piscina natural formada por las piedras. Así  fue que me animé a hacer Rapel. Primera vez en la vida me colgué por esas cuerdas y junto a Marcelo el instructor, fui bajando y tomando un baño en esa agua dulce y al mismo tiempo unos masajes increíbles en mi espalda. Son 15 metros aproximadamente de cachoeira.Nada de miedo y mucho disfrute. Sí, hay que hacerlo y no olvidarse el protector solar.


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Caipirinhas, azucar negra y gente boa

Vista de la posada, Vila do Abraao, Ilha Grande.

Vista de la posada, Vila do Abraao, Ilha Grande.

Moneda local: Real

Única actividad económica: Turismo

Medio de transporte: Barco, lancha, taxi boat, catamarán, bici y pié.

Pensamiento frecuente: No puedo creer en el paraíso que estoy viviendo.

Frase de cabecera: Disculpe, mas sou moradora, não turista.

Clima: Caluroso y humedo. Muchas lluvias.

Problema local: Los hongos en la ropa.

Así, con estos items fue como con dificultades me fui adaptando al estilo de vida isleño. Al segundo día que llegué, tuve  las cuatro entrevistas de trabajo que pude organizar por  e emails antes de ir. Y ya ese día tenía trabajo. Elegí el lugar que me parecía más bonito ¿por que no darme ese gusto, ya que estaba en un paraíso?

            Era una bella posada frente a una bahia, una de las posadas con más intimidad en la isla, y con más romanticismo. Mi función sería de gerente, una especie de recepcionista, encargada de que todo funcione bien. Y ahí para mí llegó lo más interesante, practicar mi portugués con mis compañeros de trabajo, que en realidad…no me entendían casi nada. Carla, la gerente principal y permanente de la posada me entrenó con toda la paciencia, ya que hablaba portugués en forma lenta para que yo entienda. Mi horario sería de 15 a 23 hrs y mis funciones serían las mismas que las de Carla pero a ese horario. Como era temporada alta, también compartí la función con Gerardo, un señor uruguayo que tenía a toda su familia viviendo en la isla, y decidió quedarse unos meses y buscarse  un trabajo. Él era mi soporte idiomático, hablaba muy bien inglés, italiano, francés y portugués. Un capo.

Grupo de huéspedes y staff. De derecha a izquierda, Ezequías, Fer,Silmara,André, Gerardo y yo de remera verde.

Grupo de huéspedes y staff. De derecha a izquierda, Ezequías, Fer,Silmara,André, Gerardo y yo de remera verde.

Mi horario lo compartía con Silmara, la cocinera morena más linda que había visto, de 44 años, 4 hijos y un físico envidiable, Ezequías de 21 años, marinero isleño que trasladaba en el barquito del la posada a los huéspedes, desde el muelle principal al muelle de la posada, y también nos trasladaba a nosotros que entrábamos a las 15 hrs y lo esperábamos también en el muelle. Ivan y Tanderson, otros marineros, uno carioca y el otro bahiano que a veces hacían el horario de la tarde y André el dueño de la posada. André es fotógrafo documentalista y paulista. Por lo conversado con él sus trabajos son especialmente sobre la comunidad afrodescendiente en Brasil y como una vez él me dijo comunidades de difícil acceso. En uno de sus libros retrata la vida dentro del expresidio que había en Ilha Grande hacía muchos años,  o Caldeirão do Diabo. Hacía ya varios años él y su esposa habían iniciado este proyecto de la posada. Desde mi criterio una de las más bonitas y con mejor vista de la isla.

Aprendí a hacer caipirinhas, la primera bien, pero poco a poco, fui ganando velocidad. Caipirinha de maracuyá con azúcar negra…es, fue y será una de mis preferidas.

En fin…tuve que aprender en portugués la carta para ofrecer la cena a los  huéspedes:

Pão de alho

Povo ao vinagrete

Peixe com banana, peixe com leite de coco

Lazanha de berengela.

Bolo

Frango grelhado com arroz e feijão.

Peixe grelhado.

Controlar la mercadería, hacer el pedido de frutas, comidas, era la tarea que más me gustaba. Y entender el portugués por teléfono, una tarea muy difícil al comienzo.

Ya estaba en Brasil…todo me marcaba que estos meses serían uno de los mejores veranos de mi vida. Un barquito, el agua, las caipirinhas de maracuyá con azúcar negra, mis compañeros. Todo eso era nuevo y me hacía feliz.

Y sí, ya estaba en este paraíso natural, en un lugar soñado…


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Ilha Grande…mi primer y gran destino.

Praia Abraozinho, Ilha Grande, Brasil

Praia Abraozinho, Ilha Grande, Brasil

Después de analizar y de imaginar, consultar con gente que vivía en Brasil, leer sobre distintas ciudades y  planear. Me decidí por un lugar muy interesante. Ilha Grande, en el estado de Río de Janeiro. Lo que más me seducía de Ilha Grande era  la idea de vivir en esta reserva natural, donde no dejaban entrar autos y solo se podía caminar y andar en bici. Había muchas cosas por conocer en la isla, muchas caminatas para ir meditando, paseos en barco, unas hermosas playas y actividades náuticas. Quería experimentar vivir en un paraíso así, sentirme una local, entender que pasa en un lugar como estos, que te genera diversión, estrés o preocupación y como se disfruta el día  y la noche. En fin…experimentar y andar todo el tiempo con ropa de verano. Eso quería. Ya estaba ahí… y no podía retroceder.

También, en algún momento iba a querer conocer Rio de Janeiro, así que decidí quedarme cerca. Tanto me habían hablado de Rio, y tanto había escuchado sus sambas, en una Roda de Samba en Buenos Aires a la que asistía todos los jueves, que realmente quería tomarme un tiempo para conocer y entender las letras de aquellos sambas. Estar en los lugares que tanto había escuchado.

Viaje por tierra

Despedida de Argentina.

Terminal de Posadas, Misiones,estirando las piernas con mi abuela y mi mamá.

El viaje lo hice por tierra, y así entender la dimensión de espacio, cuanto nos separa y cuantos nos une. Me gusta el cruce de frontera, que en realidad una vez que uno está ahí…se da cuenta que la frontera no existe. Sí, es un límite geográfico  y político. Pero solo es un tramo de asfalto o calle de tierra donde transitan las personas y hacen trámites, y de un lado se está aquí, y del otro allá, pero culturalmente se comparten muchas cosas.

  • 9  de Diciembre de 2011 a las 8 pm salió el ómnibus rumbo a Rio de Janeiro, desde Retiro, Buenos Aires.
  • 10 de Diciembre llegué a Posadas, donde mis padres y mi abuela me esperaban en la terminal para despedirse y conversar, ya que después de una hora y media de descanso, el ómnibus seguía a Rio.

Así fue, entre charlas y mates, llegamos a Rio. En este primer viaje de más de un día conocí a un grupo de amigos 2 chicas y un chico que eran formados en turismo y educación física y se iban a trabajar a Buzios por temporada, y a una familia de argentinos ya radicados también en Buzios hacía 10 años.

De tanta charla me invitaron a quedarme unos días en Rio con ellos, pero yo tenía miedo de no cumplir con el objetivo de llegar a Ilha Grande, donde ya tenía 4 contactos con posibilidades laborales. Temía que me entusiasmase con la ciudad nueva y los aires cariocas me hagan perder el primer objetivo. Así que les agradecí, y ya 11 de Diciembre partí, entre la gente y mi mochila, con mi portugués de instituto preguntando en la Rodoviaria. Con el calor sofocante de diciembre, me tomé el Bus de Costa Verde, y rajé para Angra Dos Reis o Concepção de Jacareí, donde debería tomar un barco que me llevaría a Ilha Grande.

Llegada a Ilha Grande

 “O povo me recebeu ao melhor estilo brasileiro”.

Llegué a Concepção de Jacarareí, y mientras esperaba a que salga el barco a La isla, dí unas vueltas y llegué a un bar casi en frente a pocos metros de la playa, donde siendo las 16 horas festejaban un cumpleaños de um cara. Y ahí en mis primeros momentos brasileros, compartí una gelada y petiscos con los lugareños contándoles que fui a hacer allí y de donde venía. Y escuchando musiquita pagode, creo que del grupo        “swing e simpatía”. Así…un rato después tomé mi barquito, mi primer barquito a Ilha Grande, sin saber que ese paseo lo haría una y otra vez durante los próximos 5 meses.  Y ahí…en la isla…comienza esta historia.

Buenos Aires, un día de estos, por Bárbara V. Pérez.