Dejate lle-Bar

Dejarse de llevar x una decisión, x un bus, Ilha Grande, Rio de Janeiro y un velero.

Sin casa… camino al cementerio

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Iglesia de San Sebastian, Vila do Abraao, Ilha Grande

Iglesia de San Sebastian, Vila do Abraao, Ilha Grande

Sí…mi diagrama mental decía: llego a la isla me quedo 5 días en un hostel mientras busco un lugar donde vivir, alguna casa compartida, algún cuarto, que no me salga tan caro y listo, el que busca encuentra.

            Ok, así fue, ya estaba por el quinto día y no conseguía un lugar decente para vivir. Con trabajo y emocionadísima con el paraíso terrenal donde me estaba viviendo, yo no encontraba un rinconcito para estacionar mi humilde humanidad. El problema es que me fui enojando un poco día tras día. No podía ser que no encuentre casa.

             Y lo que más bronca me daba es que me ofrecían un cuarto que valía casi lo mismo que mi salario, con techo de chapa, horrible y sucio que me imagino que si llovía afuera también llovía adentro, y con una expresión como si  me estuvieran ofreciendo una suite con hidromasaje. Así…pasaban los días y esta situación se repetía una y otra vez. Ni hablar de los viejos babosos que me invitaron a compartir su casa… fica aquí… aquí tem vaga (quedate aquí hay un lugar). Toda esta situación me empezó digamos que a enfurecer de a poquito  y la frutilla de la torta fue que me recomendaran  a Dorinha. Fui a conocerla, la casa de ella quedaba al final de la Rua do Cemiterio, Calle del Cementerio, y sí…digamos que siguiendo ese camino y aceptando la propuesta de Dorinha,  yo misma me estaba…cavando mi propia fosa.

La propuesta de Dorinha (una mujer de 32 años, bajita, tez blanca y rulos castaños) era compartir su pequeño departamento donde tenía una cama cucheta. La verdad es que no tenía muchas opciones, todo estaba a precio turista, y  por el momento yo estaba pagando mi hospedaje a ese precio. Ya era 17 de Diciembre, se venia Navidad y Año Nuevo y en la isla (como en todo Brasil, los precios de los hospedajes se triplicaban) y yo tenía que conseguir algún lugar a precio morador. Ya había averiguado en campings, aunque no me había llevado carpa, y también aumentaban sus precios, y no me dejaban acampar más de 15 días. Digamos que estaba “la horno” y  pero acepté  probar.

La rua de Cemiterio era subida gran subida. Caminar esa calle con el calor de diciembre y sin mochila ya era un esfuerzo y un buen ejercicio para tonificar glúteos, piernas y perder toxinas. Ahí entendí el porque de las piernas fuertes de los isleños e isleñas, sin importar la edad. Las mujeres contamos con esa suerte de que algún caballero se ofrece a ayudarnos en caso de necesitarlo, y más si hay que hacer fuerza. Así que acepté la ayuda de Rafa, el barman del hostel donde estaba parando, y él subió aquella Calle del Cementerio con mi mochila a cuestas. Grande Rafa!!

 Después del saludo simpático de Dorinha…sus palabras fueron:

 “Tengo que contarte algo…más tarde va a venir mi exmarido a visitarme, él llega de Francia y quiere saludarme, vos tenés que decir que somos amigas, no que me alquilas a mí. Si él pregunta…vos sos mi amiga”.

 Bue…¿que me iba a pasar si le decía eso a un tipo que ni conocía? nada. Total…era su ex marido.

Al rato cuando llego a la casa, conozco al señor, era un capoherista, musculoso, fortachón, tenía pinta de expresidiario y su rostro no expresaba ni un gramo de simpatía cuando me vio llegar. Este hombre de unos treinta y cinco años estaba con todas sus valijas y un perfume francés de regalo, ahí en la casa de Dorinha…donde yo también…iba a vivir a partir de ese día. Me presenté con mi nombre, a lo que Dorinha acotó con su sonrisita falsa… “ela é miha amiga argentina e vai ficar aquí um tempo”.

Y el señor musculoso, sudoroso y cero simpático respondió:

 Amiga, eu nao te conhecía, jamais te ví.

 Ahí…entendí casi todo. Digo casi todo…porque esa noche me quedé a dormir en  aquel departamentito compartido, y bastante disputado parecía.

 El marido francés se fue a visitar a su familia y parece que antes de  irse tuvieron un pelea y ahí comenzó a ser ex marido. Y ella quería buscar una excusa para que este hombre no viva más en ese departamento, y ahí estaba yo, la ingenua recién llegada, dispuesta a vivir una aventura, a conocer al pueblo brasilero, su cultura y aprender su idioma. Y claro… yo había pisado el palito de esta piba.

Esa noche, no tengo idea donde durmió el francés, yo dormí ahí y a la mañana siguiente, sin despedirme…y obviamente sin haber pagado nada…ni de anticipo, me rajé a un hostel unos días más. De semejante disgusto, me agarré la descompostura de mi vida, justo tenía 2 días libres  en mi trabajo, y me los pasé tirada en la cama, tomando agua y comiendo arroz, pensando en que coño iba a ser para encontrar un lugar en la isla. Eso sí, tenía trabajo…pero no casa.

Ya me había recorrido toda la Vila do Abraao y no conseguía nada nada nada.

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